Descartes, el discurso del método y el escepticismo actual, parte I

En este articulo voy a hablar de Descartes y de como se relacionan sus enseñanzas con el escepticismo actual o, mejor dicho, con el escepticismo que promovemos desde aquí.

Retrato de René Descartes

El personaje

René Descartes nació en La Haye en Touraine el 31 de marzo de 1596. Desde pequeño Descartes tuvo una salud débil que finalmente desencadenaría su muerte en Estocolmo en 1650 de una pulmonía.

Procedía de una familia de magistrados y su padre incluso llego a ser consejero del parlamento de Rennes. Estudió en el prestigioso Collège Henri IV de La Flèche regentado por los jesuitas.

Según el mismo cuenta se desengañó pronto con los conocimientos que le enseñaban, ya que según él no podía, mediante estas, «adquirir un conocimiento claro y seguro». Por estas razones llegó a la siguiente conclusión:

«Todas esas razones me permitían tomarme la libertad de…pensar que no había ninguna doctrina en el mundo que fuese tal y como antes me la habían hecho esperar.»

A pesar de estas decepciones supo ver los beneficios que se desprendían de sus estudios y por ello siguió esforzándose e interesándose. Es 1612 cuando abandona la escuela de La Flèche y posteriormente se licencia en derecho en la universidad de Poiters en 1616.  Descartes quiere ver mundo y para ello se alista en el ejército de Mauricio de Nassau en 1618. De ahí pasará a alistarse al ejercito imperial de Maximiliano de Baviera al principio de la Guerra de los Treinta Años.

La circunstancias lo llevan a quedar inmovilizado en el invierno de 1619-1620 en una fortaleza en Neoburgo y es allí, en la soledad de una habitación donde combate el frío al calor de una estufa, donde se revelará su genio por vez primera. El mismo René se muestra entusiasmado con su descubrimiento:

«Le 10 novembre 1619 lorsque rempli d’enthousiasme je trouvai le fondement d’une science admirable… » (Olympiques, fragmento)

Después de un tiempo termina instalándose en Holanda, por dos principales motivos: el aire de libertad que se respiraba allí, más propicio que en Francia, y la posibilidad de disfrutar de una soledad que en París era imposible debido a la proximidad de conocidos.

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